¿Por qué es importante tener una buena Inteligencia Emocional?


Hoy el tema que queremos destacar es la Inteligencia Emocional. Vemos como psicólogos, que aún muchas personas no le dan importancia a este tipo de inteligencia pero hay que aclarar que no sólo resolvemos nuestros problemas gracias a una inteligencia, llamémosla "intelectual". Ésta puede estar más determinada genéticamente desde el día que nacemos, y aunque se puede desarrollar gracias a la plasticidad cerebral a través de conocimientos académicos, los estudios apuntan a que venimos al mundo con cierta capacidad intelectual.


Sin embargo, la sorpresa es que hay una inteligencia que sí podemos desarrollar y "entrenar" ya que se trata de una habilidad. Las personas que emocionalmente son más inteligentes identifican mejor sus emociones y las de los demás. Al identificarlas mejor hay una mayor probabilidad de que las propias emociones se manejen de forma más satisfactoria ante los conflictos de la vida cotidiana.

Por descontado, esto influye de forma determinante en la manera en la que nos relacionamos con los demás al poder identificar sus emociones y lo que nos quieren transmitir de forma adecuada.

¿Cómo podemos mejorar nuestra IE?

Hay muchas claves que son recomendables pero podemos resumir las siguientes ideas:


  1. Evaluar nuestras interpretaciones: cuando nos sentimos mal, tenemos emociones negativas de tristeza, enfado, etc. Debemos pararnos y ver qué tipo de pensamientos estamos teniendo acerca de la persona con la que interactuamos, de la situación, de lo que nos ha pasado, por qué creemos que ha ocurrido.
  2. Reformular explicaciones: tendemos a tener pensamientos muy negativos o catastróficos incluso de lo que nos pasa o nos dicen, debemos buscar siempre otra manera de ver las cosas, relativizar, ver oportunidades de cambio.
  3. Actuar: tras el análisis anterior debemos llegar a una conclusión de cómo podemos actuar de manera diferente la próxima vez que me ocurra esto o me sienta de esta manera. Al principio este paso es difícil, ya que puede que llevemos muchos años actuando de la misma manera y puede que resulte "forzado" las primeras veces, pero se trata de ir moldeando mi comportamiento y mi forma de pensar, ya que el anterior me hace sentir infeliz.
  4. Permitirme fallos: nadie es perfecto.
  5. Aprender a relajarme: podemos aprender técnicas de respiración, podemos reforzarnos con actividades que nos guste realizar cuando nos sintamos mal, las clases de baile u otras actividades que requieren concentración y que nos motivan, son las ideales.
  6. Afrontar los problemas en los momentos en los que me he relajado y puedo tomar las mejores decisiones. En la mayoría de las ocasiones podemos reflexionar acerca de las situaciones en otro momento. Es una decisión sabia posponer las decisiones a un momento determinado. No se trata de evitar, debemos ser conscientes de que tenemos algo que resolver y debemos elegir un momento para hacerlo.
  7. Por último, trata de aceptar algunos aspectos tuyos o situaciones. Determina qué está en tu mano cambiar y qué puede depender de otros factores. 
Sara Sánchez González
Psicóloga Especialista en Ansiedad y Estrés

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