VAMOS A TENER UN HERMANITO. LOS CELOS INFANTILES.
CUANDO HAY
CELOS POR EL NACIMIENTO DE UN NUEVO HERMAN@
Lo
primero que hay que saber es que los celos son un sentimiento normal que
puede darse cuando hay o va a haber un nuevo miembro en la familia y
prolongarse hasta la adolescencia, por tanto es importante cómo lo gestionemos
pero no hay que alarmarse. Es temporal y requiere comprensión y
paciencia por parte de los padres.
Debemos
darles a entender a los hijos que ya tenemos que les queremos y entendemos lo
que les pasa pero que no les vamos a permitir malos comportamientos y que les
vamos a seguir marcando los límites.
Cada niño reacciona de forma diferente ante esta
situación:
-
Puede que ignoren al recién llegado y no quieren saber
u oír nada de él.
-
Pueden volcar sentimientos de hostilidad hacia su
madre o su padre, oponiéndose a cosas a las que antes no lo había hecho,
pataletas, berrinches, gritos y hasta pegarles.
-
Otros, procuran colaborar y ayudar lo más posible en
las tareas hacia el nuevo hermanito. Con este comportamiento, creen asegurarse
el amor de sus padres.
-
Hay niños que no lo manifiestan abiertamente y se
puede apreciar falta de participación en actividades y juegos.
-
Pueden aparecer comportamientos regresivos como volver
a hacerse pis si ya no se lo hacía, utilizar un lenguaje más infantil...
¿Qué se puede hacer?
1.
Preparar al niño o niños antes del nacimiento del
bebé. Por muy pequeños que sean hay que comunicarles personalmente la noticia
para evitar sus dudas y miedos. Tranquilizarle y asegurarle que se les va a
seguir queriendo exactamente igual que antes.
2.
Cuando el niño era hijo único hay que tener en cuenta
que gozaba hasta ese momento de la atención y cariño exclusivo de sus padres.
Es normal que reaccione de las maneras que hemos citado antes cuando su idílica
situación se ve interrumpida por la llegada del nuevo hermano. De pronto se ve
obligado a compartir todo, cuando él todavía está en una etapa egocéntrica
(hasta los 4 ó 5 años aproximadamente), le resulta casi imposible tener un
comportamiento generoso hacia su hermano.
3.
Realizar los cambios necesarios en la vida del niño
bastante antes de que llegue el bebé; como quitarle el chupete, el cambio de
cama, la entrada a la escuela infantil o al colegio, etc. para que no los
asocie con la llegada de su hermano. Y procurar que haya los menos cambios
posibles durante un tiempo.
4.
No hay que atender tanto cuando se vuelva a comportar
como un bebé pero sí reforzarle mucho cuando haga lo contrario, permitirle que
se vaya haciendo más autónomo y maduro.
5.
Mostrarle ventajas de ser el hermano mayor. Podemos
pensar en que tenga algunos privilegios “de mayor” como elegir la camiseta que
se quiere poner el fin de semana, entre un postre y otro…
6.
No obligarle a que de besos o tenga sentimientos hacia
el bebé que no tiene, es mejor que sea él el que vaya acercándose gradualmente.
7.
Hay que saber diferenciar entre hermanos. Cada uno
tiene su propia personalidad; es importante reservar momentos de juego con uno
u otro en función de sus gustos. Turnarse para dedicar un tiempo exclusivo a
cada uno en el día o la semana.

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