¿TIENE MI HIJO UN DÉFICIT DE ATENCIÓN? CÓMO HACER UNA BUENA EVALUACIÓN
¿Cuál es el diagnóstico que más
se escucha hoy en día en el mundo infantil? Sin duda el Trastorno por Déficit
de Atención o TDA, que además puede cursar con o sin Hiperactividad. A las
consultas de los psicólogos nos llegan niños ya “condenados” a esta etiqueta y
en la mayoría de los casos no se cumplen los criterios para este trastorno y no
se valoran otros factores que afectan a la realización de las pruebas.
Existen ya muchos artículos sobre
las características de este trastorno pero, en general, los padres no tienen
una buena guía sobre cómo debe ser la evaluación más adecuada.
Si notamos que nuestro hijo es
desatento, se distrae o “está en las nubes”, no nos alarmemos. Para empezar, un
TDA no se diagnostica hasta la edad de 7 años. Se pueden empezar a notar estos
síntomas antes, ya que desde los 4 o 5 años se les pide que permanezcan más
tiempo sentados o se concentren más en algunas tareas. Una de las cosas que podemos
notar es que el niño no termina las tareas en el tiempo establecido o se
distrae demasiado y no retoma la tarea por sí mismo. En algunas ocasiones las
respuestas y acciones son impulsivas, poco reflexivas, y en otros, vemos niños
inquietos, que no pueden parar de moverse.
Si alguna vez sospecháis que
vuestro hijo pueda tener un problema de atención, lo recomendable antes de
sacar conclusiones es realizar una evaluación completa con un neurólogo o
psicólogo. Los padres debéis tener en cuenta qué pruebas son buenas que le
realicen:
- Varias pruebas de atención, no una, porque a veces el rendimiento en una sola no es determinante. Además, deben ser pruebas de diferente ejecución, por ejemplo, si una es sobre papel y los elementos a seleccionar por el niño están en fila y se procesan en el sentido de la lectura (por ejemplo Test D2 o Caras), debería haber otra que se realizara en el ordenador (por ejemplo test CSAT) y en la que los elementos aparezcan distribuidos por la pantalla (por ejemplo Divisa).
- Una batería completa de Desarrollo o de Inteligencia, porque nos dan una información muy rica sobre las distintas áreas de rendimiento en el niño y si alguna de ellas puede estar afectando a sus tareas y por ello puede confundirse con un déficit atencional. Además, obtendremos datos sobre la Memoria de Trabajo y la Velocidad de Procesamiento, muy relacionadas con dicho déficit.
- Otras pruebas que son recomendables a partir de los 7 u 8 años son las pruebas de Lectoescritura, para descartar dificultades concretas en estos aspectos y una posible Dislexia.
- No se deben olvidar los factores emocionales que, por supuesto, pueden afectar a los niños en su rendimiento académico. Estos se evaluarán de diferentes maneras en función del terapeuta pero es importante que no se pasen por alto. Por ejemplo, el niño puede estar afectado por un cambio de colegio, el nacimiento de un hermano, dificultades en el matrimonio, problemas de autoestima o en clase con sus compañeros.
Una evaluación completa requiere
llevar al niño al psicólogo varias sesiones pero merece la pena tener una buena
comprensión de lo que ocurre. No debemos conformarnos con el diagnóstico sin
más, siempre se realiza una sesión de devolución de información para explicar a
los padres las pruebas que se han realizado y qué significa el rendimiento que
ha tenido en cada una de ellas, para poder realizar un tratamiento
personalizado o recomendar un apoyo psicopedagógico en el área que se necesite.
También es conveniente informar a los profesores del niño y realizar las
adaptaciones curriculares adecuadas si fuera el caso.


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